El conflicto entre Cataluña y el Estado español se ha desplazado al epicentro de Europa. Desde que el presidente cesado, Carles Puigdemont, y parte de su gobierno se trasladaron a Bruselas (Bélgica) para evitar ser procesados por la justicia española y forzar, así, la intervención de los tribunales belgas, Europa está mucho más pendiente de los catalanes.

Puigdemont y los consejeros cesados se encuentran en libertad con medidas cautelares -tal y como decidió hace una semana el juez belga- y este viernes comparecerán ante los tribunales, quienes decidirán si ejecutan la euroorden de extradición a España, para ser juzgados por los delitos de rebelión, sedición, malversación y desobediencia, entre otros.

Tras la masiva movilización que el sábado 11 congregó a cientos de miles de personas en Barcelona para reclamar la libertad de los diez presos políticos, el domingo 12 alrededor de 1.500 personas se concentraron en Bruselas para rechazar las medidas impuestas por el ejecutivo español al gobierno catalán cesado.

Fue el cierre de una semana en la que Europa reforzó sus mensajes de apoyo a la fórmula elegida por Mariano Rajoy para gestionar el complejo escenario. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, calificó a los nacionalismos “de veneno” y de “amenaza para la Unión Europea (UE)” porque “impiden” que la alianza avance conjuntamente para “influir en la esfera mundial”. Sus palabras fueron aplaudidas por Rajoy, quien aseguró que es “muy reconfortante” el apoyo de la UE.

Eso, luego de que unos 200 alcaldes catalanes viajaron hasta Bruselas para denunciar la represión del Estado español y mostrar su apoyo al gobierno catalán cesado.

El eurodiputado por el partido independentista Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Josep-Maria Terricabras, habló con El Desconcierto sobre la incidencia del conflicto catalán en el futuro de la UE. Según el parlamentario, el Brexit inesperado, la pésima respuesta de la Unión a la crisis de refugiados y su pasividad ante los acontecimientos en Cataluña, ponen definitivamente en jaque el discurso sobre los valores y derechos compartidos de los ciudadanos del continente.

TERRICABRAS, Josep-Maria

© European Union 2016

¿Cree que fue una buena decisión el viaje de Puigdemont y los consejeros cesados a Bruselas?

Sí, porque si no estaría en la cárcel y por lo tanto no tendríamos ninguna voz libre para hablar. Es lamentable y terrible que tengamos medio gobierno en la cárcel y la otra mitad tenga que vivir en el exilio.

¿Qué efecto ha producido en la cotidianidad de la ciudad la llegada del presidente cesado y parte del gobierno?

En el día a día ha producido un gran efecto. Todos los medios, tanto digitales como escritos, se han hecho eco de su llegada. La gente los reconoce fácilmente por la calle.

¿Cómo valora la respuesta que hasta el momento ha dado Europa?

Muy mal. Los tres dirigentes europeos de las máximas instituciones de la UE -el Parlamento, la Comisión y el Consejo de Estados- son del PP. Algunos de ellos fuertemente infiltrados por el PP español, con lo que terminan diciendo “amén” a lo que dice España. También hay que tener en cuenta que la UE, desgraciadamente, aún no es una unión europea. De momento, es un club de estados, con lo que entre ellos se protegen y se hacen favores.

Sin embargo, un cosa son las direcciones de la UE y la otra es lo que están expresando muchos diputados del Parlamento europeo y de parlamentos nacionales en Europa, que están escandalizados de que gobernantes elegidos democráticamente por el pueblo puedan ser cesados por otro gobernante. Cuando hablo con otros diputados les pregunto: ‘¿Se imagina que la señora Theresa May [primera ministra británica] cesara a la sra. Sturgeon de Escocia [primera ministra de Escocia]? ¿O que la señora Merkel cesara al presidente de algún land alemán?’ Es impensable. Pues en España se puede hacer con naturalidad. Y no sólo no lo encuentran mal, las autoridades europeas, sino que además lo aplauden. Entonces esto será el fin de Europa.

¿En qué sentido?

Esto es el alejamiento de los ciudadanos europeos. Parece que no hay suficiente con el Brexit, sino que además quieren echar a los 7,5 millones de catalanes, que son en el sur de Europa y que se sienten muy europeos, pero que ahora empiezan a dudar de si la UE los quiere ayudar. Tienen que darse cuenta que con todo esto es el conjunto de la UE que pierde, no solo los catalanes.

¿Hasta qué punto se están poniendo en entredicho los valores fundacionales de la UE?

En su fundación, la UE era una unión de estados para los pueblos y ciudadanos. Esto se recoge en el Tratado de Lisboa, que sería la Constitución que se usa en Europa, donde se habla de estados y de ciudadanos. Pero parece que ahora los ciudadanos tienen poca importancia en Europa. Eso es lastimoso y da mucha pena.

Cuando estás en el Parlamento Europeo y ves que a las instituciones les interesan más los negocios, las grandes corporaciones y las multinacionales que los ciudadanos, uno se da cuenta que Europa no tiene un gran futuro.

Antes mencionó que existen vínculos entre los populares europeos con el PP español. ¿Puede profundizar en esto?

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, viene del grupo de Berlusconi, pero antes de él, había estado aún más a la derecha. Tajani, para ser elegido, dijo que estaría a disposición de todos los diputados y que velaría por el plurilingüismo en Europa. Pues ni una cosa ni la otra. Cuando fue elegido, abandonó la imparcialidad: se fue a Madrid a una asamblea del PP español e hizo declaraciones diciendo que seguir la Constitución española era seguir las normas europeas. Esto es una locura política y jurídica.

Tajani es un hooligan del PP español. Cuando yo le he pedido reuniones nunca me ha querido recibir y siempre se ha negado a cualquier acción en favor de todas las lenguas europeas. Quizás todo eso pasa porque tiene de jefe de gabinete al señor Diego Canga, que es un miembro del PP español. O los vínculos con el PP de [Nadia Calviño] la directora general de la Comisión Europea de Presupuestos, la más importante.

¿Qué efecto ha producido la entrada de Bruselas en el conflicto para los partidos belgas? En los últimos días hemos visto fricciones en la coalición de gobierno, entre liberales y nacionalistas flamencos.

Para el primer ministro Charles Michel esto no es fácil. Pero nuestro presidente y consejeros no han pedido asilo político a Bélgica. Lo que pasa es que viven en el exilio, porque cuando uno vive fuera de su país porque no tiene otra opción es evidente que vive en el exilio, pero oficialmente no lo pidieron.

Pero el señor Michel se encuentra con dificultades internas. Siente incomodidad porque tiene algunos pactos con el gobierno español. El señor Rajoy le prometió que le votará uno de sus candidatos a un cargo europeo si se queda callado.

¿Cómo se interpretarían los mismos hechos si en vez de ocurrir en Cataluña sucedieran en la Venezuela de Nicolás Maduro? Varias voces han hablado de eso asegurando que todo el mundo lo condenaría, pese a que ahora esto no esté pasando.

El PP y el PSOE españoles en el Parlamento Europeo critican constantemente a Venezuela. No entraré ahora en pronunciarme sobre Venezuela, pero lo explicaré como ejemplo. Hemos pasado tres o cuatro resoluciones en contra de Venezuela. Pero ¿por qué no hemos hecha ninguna en contra de México? Nosotros la hemos pedido porque en México mueren cada mes periodistas, defensores sociales, indígenas.. Pero ellos son mayoría y en México tienen grandes negocios. Y en cambio, con Maduro no. Además, al PP español le conviene todo lo que sea en contra de Maduro porque así pueden ir en contra de Podemos. Es todo pura ideología e interés económico y de poder.

Algunos analistas han planteado que si los votantes creen que la UE no es más que la defensora de los gobiernos de turno, cada vez serán más los partidos antiestablishment. ¿Lo comparte?

Creo que puede pasar. Yo me declaro europeísta total. Bajo la dictadura de Franco, el europeísmo creció porque era refugio, esperanza y futuro. Cuando ahora, muchos años después, nos damos cuenta de que este refugio se nos gira en contra y quieren que estemos sometidos bajo el gobierno más corrupto de Europa, probablemente los catalanes se sentirán cada vez más alejados.

Yo soy eurocrítico, no euroescéptico y he repetido que la UE tendría que estar más interesada en nosotros que al revés. Porque fuera de la UE todavía hay vida. No me gustaría estar ahí, pero si hay que ser independientes fuera, saldremos. Si la UE va perdiendo trozos de su ciudadanía va terminar siendo un mero club de estados.

¿Hay posibilidad de que lleguen los apoyos internacionales?

Yo creo que llegarán. Porque si no el conflicto que se dará en el sur de Europa será insostenible. Y no sé quién podría permitirse tener un conflicto en el Sur de Europa ahora mismo. Pero España tiene una idea de la unidad demasiado sagrada, que se parece más a la del siglo XVIII y no a la del siglo XXI.

¿Qué países podrían dar las primeras señales de un posible reconocimiento?

Eso no lo sé. A mí me gustaría que fuera la misma UE. No le mencionaré ningún país en particular porque no quiero crear conflictos a nadie. Sin embargo, siempre hemos tenido excelentes relaciones con los países nórdicos, y con los bálticos. También con Holanda, Bélgica e incluso algunos países suramericanos.

Alemania y Francia está más complicado porque son países grandes y hay que pensar además que la idea de la unidad sagrada de España viene de Francia. Tenemos aún un rey Borbón. El centralismo y el unitarismo son muy franceses. Por lo que creo que antes llegará una reacción positiva de Alemania que no de Francia.

¿Cuánto habrá que esperar?

No sé cuánto tiempo pasará antes de que esto llegue, pero tiene que avanzar y tiene que ser pronto porque si no habrá motivos de seria preocupación.