Escribía en redes sociales todo el tiempo, era una “torta” conectada. Se había puesto a estudiar con empeño y se lo contó feliz a su prima que también era su amiga. Quería superarse, trabajar, apoyar a su familia, gente pobre como todos en este país tan “clase media”. Ni más ni menos.

-A la Nicole le gustaba ayudar a todo el mundo. Si había un amigo en problemas, allá estaba ella apañando.

“Se juntaba con gays y lesbianas”, porque era camiona, o torta o lela. “A ella le gustaba nombrarse camiona. Así se veía”. No lo ocultaba, y todo gay, lesbiana, travesti o “raro”, era su amigo por oposición al odio social que reina en el pueblo. Sus juntas eran un espacio de marginados observados constantemente con disgusto por unos ojos respetuosos de dios, la patria, la familia y la compostura pública. Ojos que se sienten ofendidos cuando las lesbianas se visten como sus hijos varones. ¿Es que les roban masculinidad? ¿Y cuántos ojos con deseos lesbianos temerosos de quedar expuestos? Todos esos ojos estaban sobre ella y los demás, y Nicole los desafiaba en plazas y parques del pueblo. “La vía pública”, como dice la reglamentación ciudadano-policiaca, era un refugio ante el odio hetero. La camiona no hacía diferencias entre lesbianas, homosexuales y otros varones tolerantes y progres que estaban en sus redes y carretes. Si estaban ahí, entonces eran amigos. Igualmente, un hombre que dicen que es gay y anarquista, o gay o anarquista –dicen muchas cosas- le pegó un día, unos meses antes de que ella apareciera muerta. Se había sobrado la Nicole, se había mandado las partes con algo que tenía que ver con plata, estatus, algo así. Le había mentido, se había burlado, y resulta que a una camiona, a una mujer, o a una mujer camiona (a una mujer que se apropia de masculinidades), los hombres –sean quienes sean- pueden golpearla porque es normal castigar a la mujeres. “El agresor fue denunciado por la familia de Nicole y ella lo ratificó”.

Ella se fotografiaba como camiona, caminaba camiona, hablaba camiona, era camiona. Insultos, ofensas, ataques en la calle, “eran cuestiones cotidianas en la vida de la Nicole” y de millones de camionas, lelas, tortas, tortilleras, lesbianas en millones de territorios, en cientos de pueblos -originarios y no-, en distintos sistemas -capitalistas y no-, en muchas comunidades, de izquierdas o no.

En 2016, el crimen contra Nicole irrumpió como el gancho de turno en la prensa nacional. Lo primero fue instalar el discurso de instituciones que pregonan “igualdades” e “inclusión”; el discurso político de esas instituciones bien toleradas por la cultura chilena “diversa” actual. Así, comenzaron a definir el crimen contra una mujer lesbiana como un hecho de “homofobia”, como un crimen contra alguien “homo” –homosexual-: así mismo, con esa neutral masculinidad. Luego se aclaró que no se le conocía pareja, entonces no era femicidio; no se debía y no era necesario usar ese concepto político feminista. Entonces cuando mujeres y lesbianas organizadas de la zona denunciaron un femicidio antilésbico, la noticia pasó de moda, dejó de ser importante o de usarse para hablar de la Ley Zamudio.

[Lee el reportaje de El Desconcierto: Un año sin justicia para Nicole Saavedra, asesinada por ser lesbiana]

Nicole era lesbiana, no homosexual. También era mujer. ¿Por eso las instituciones no la buscaron? ¿Por eso la Fiscalía investiga las pistas “tarde, mal y nunca”? ¿Por eso a los sospechosos se los previene con anticipación para que alcancen a pensar sus coartadas? ¿Por eso no se apercibe a los sospechosos de la abogada de la familia de Nicole? ¿Por eso no se sigue la pista del ADN hallado en el sitio en que fue encontrado su cuerpo? ¿Por eso aún ni siquiera se acoge el requerimiento de revisar las cámaras de seguridad de la zona y los alrededores del sitio donde estaba Nicole violentada y muerta?

El día que desapareció se comunicaba con una amiga por redes sociales, pensaba ir a depilarse más tarde porque ya le habían crecido cañones y tenía un evento importante. Era de madrugada, estaba en el paradero esperando locomoción, venía de un carrete. Luego dejó de comunicarse. A los siete días justos se halló su cadáver atado, y depilado. Estaba en un sitio baldío y debieron haberla secuestrado en algún lugar cerrado para mantenerla cerca de 6 días viva (la data de muerte era reciente). Un testigo, el día que ella desapareció, declaró haberla visto subir a un vehículo sin resistirse.

Las buenas notas que Nicole había anunciado que tendría en su carrera de Prevención de Riesgos, como su título profesional, fueron póstumos.

A casi un año y medio desde el femicidio antilésbico contra esta mujer lesbiana de Limache, Nicole Saavedra Bahamondes de 23 años, su madre, su prima, su tía, su hermano, toda su familia que se ha organizado desde el día uno para buscarla y ahora persigue  la verdad y la justicia imprescindibles, sigue preguntándose: ¿Si las policías la hubieran buscado en vez de desestimar la desaparición de una camiona joven y pobre en un pueblo machista, la habrían podido encontrar viva?

*Relato basado en las entrevistas hechas a María Bahamondes -prima de Nicole- y Sylvana del Valle -abogada de la Red Chilena Contra la Violencia-. quien acompaña a la familia de Nicole en este caso legal. María Bahamondes solicita actualmente cambio de fiscal en el caso de su prima Nicole


Terapeuta, escritora, lesbiana feminista wallmapu