Ir a votar es lo más entretenido que hay. Es como ir a un cumpleaños o a un asado donde estarán todos los primos, solo que no pasa nada de eso y almorzamos lo que salga nomás porque todos andan buscando su carné y viendo donde está su mesa (es otra mesa porque ya dije que se almorzaba al lote).

La otra vez regresó un amigo del barrio junto con sus padres, más alto y más serio, presumiendo un idioma medio extraterrestre. Dijo que votar merece una fiesta porque no en todos lados se vota. Acá es más entretenido porque todos quieren cambiar todo y hacerlo estupendo de presidente o lo que sea y la gente cree y se entusiasma y a mí me da un poco de pena porque si no les resulta vamos a andar tristes por la calle como en esos países de donde viene mi amigo que habla extraterrestre.

Este domingo es día para levantarse temprano, encender la tele y ver qué pasa, que no haya mucha fila a la hora que salgamos. Llevar gorrito para el sol. Es un día en que toda la gente del barrio va para el mismo lado y regresa del mismo lado, como una caravana pero sin camellos. Las calles llenas de gente con ropas de colores; las chicas en bicicleta con su pelo al viento, despacito por calles y veredas y tan cerquita que pasan de uno que el aire huele rico a almendras por un momento. Habrá autos atestados de familias buscando estacionamiento como cuando mi hermana se graduó del colegio. Sol, mucho sol y la nieve a lo largo de los Andes. Lindo día. Jóvenes y no tanto, adultos normales, adultos mayores, viejos en zona de inicio y otros viejos declarados y los requeteviejos con un sifón de oxígeno hasta van, los llevan, más bien, porque les gusta ir. Las mujeres van todas juntas de todas las generaciones grandes chicas niñas guaguas ocupando todo el ancho de la vereda; ni pasar dejan porque andan despacio y hablando todo el rato entre ellas y “Erika no te adelantes tanto”. Muchos niños en cochecito tirados por sus madres, o por algunos padres modernos de pantalones cortos.

Es que no es un domingo cualquiera, es un día de elecciones. Quedarse en el parque en la plaza un ratito, tomar helado, encumbrar volantines -los que saben y los demás miramos- y después el almuerzo entre cocinado y comprado. Nos quedamos en casa el resto del día esperando saber los resultados que nunca serán tan catastróficos ni en el peor de los casos, porque igual seguiremos votando para siempre en otras elecciones. No como cuando mi papá era chico. Cuenta que se metió debajo de la cama y salió cuando ya habían pasado los aviones y la gente no votó nunca más y mi mamá recién vino a votar cuando yo había nacido.

Todos quieren que gane su candidato pero como son hartos perderán todos menos uno, pura matemática. Nuestra opción es poca, pero acá en casa son persistentes y siempre votan por los mismos y así pasará en otras casas que siguen votando por los mismos pero como los mismos son distintos algunos quedarán felices y otros no tanto.

Mi tía dice que la gente se deja llevar por la propaganda y vota por el que más propaganda tiene con su cara en los letreros de la calle o regalan cosas y que eso está mal que hay que informarse dice y votar por convicción. Como los niños chicos no tienen convicción por eso no votamos o votaríamos por el que nos ofreciera el helado más grande, pero cuando grande votaré por convicción o sea por los que nunca salen pero son los más estupendos.

Algunos padres y madres entran con sus hijos chicos-chicos a la cámara secreta de palitos y lona y los dos salen contentos, los chicos-chicos porque fueron a votar como los grandes, creen ellos. Y más felices se ponen los chicos-chicos cuando le entintan el dedo bien repintado. El pesado de mi primo me dijo una vez “Eso no quiere decir que hayas votado, tonto, tienes que elegir uno entre todos los candidatos con un lápiz”, y en lugar de reprenderlo por molestarme la tía le pasó plata para que compráramos helados, por instruirme cívicamente, dijo. Como es su hijo le encuentra estupendo y no se da cuenta que lo hace de pesado, pero me sirvió porque ya no me dejo entintar el dedo, es un engaño si uno no vota, o sea si uno no hace la rayita en el voto al gusto de uno, y tan tonto no soy como para ir personalmente a dejarme engañar. Igual entiendo que es muy importante porque uno elige quien va a mandar en el país y si no vota deja que lo decidan los demás.

El regreso a casa es más disperso y paro las orejas cuando pasan grupos por el lado, comentando. “Esos votaron por nuestro mismo candidato”, pienso, o por el contrario, arriscando la nariz: “Esos se creen millonarios que votaron por un rico”.

Si me pidieran explicar eso de ir a votar, les diría que se imaginaran en medio de una charca y no puedes salir nunca más (es un ejemplo loco nomás), tienes varias opciones y la primera es no hacer nada y esperar que te encuentren muerto quién sabe cuando (esos no votan); la otra es tomarte toda el agua que puedas y que baje el nivel y puedas pasar caminando, pero es muy imposible (esos tampoco votan por nadie pero al menos piensan aunque no sirva de nada); así que lo único es esperar que te salve alguien más. Por eso hay elecciones, para sacar a la gente del charco de problemas que tiene, y como son muchos los candidatos, cada uno tendrá una solución diferente: ponerte música para que te entretengas mientras puedas; que tejas un chaleco que dejes de recuerdo; grabar tus gritos desesperados para un meterlos en un tema pop; rescatarte desde un helicóptero (solo resulta si eres hijo de alguien importante nomás); meter a más gente al charco para que se acompañen; hacer una cadena humana para mandarte refrescos y papas fritas; que un obispo te bendiga desde la orilla; en fin, sacarte del charco es muy obvio así que no creo que sea una solución política.

He escuchado a harta gente grande que cree que si no vota no pasa nada y creo que tienen razón. La palabra ‘vota’ viene de ‘bota’, que significa botar, y sin votar no puedes botar a nadie y todos se a quedar ahí mismo donde están para siempre. Lo más estupendo es que es el único día en que hay milicos con sus botas en la calle pero no te dan miedo.