Han pasado casi dos meses de las elecciones federales en Alemania. Pero, en todo este tiempo, la canciller alemana, Angela Merkel, ha sido incapaz de llegar a un acuerdo con los otros tres grupos -liberales, verdes y socialcristianos- para crear la bautizada como “coalición Jamaica”.

El escenario frágil e incierto que enfrenta el país europeo ha conducido a Merkel hacia la mayor crisis política de su carrera. Eso, porque el Partido Socialdemócrata (SPD) rechazó reeditar la “gran coalición” que ha gobernado el país en lo últimos tiempos y que ha costado un profundo desgaste a los socialistas.

Ante esta situación, la canciller señaló que resultaría “mejor” celebrar nuevas elecciones que formar un gobierno en minoría y resaltó que ella está dispuesta a volver a encabezar a su partido en unos eventuales comicios. “El presidente alemán (Frank-Walter Steinmeier) tiene ahora la última decisión. Si ahora hay nuevas elecciones -si hubiese, debo decir- no las temo en absoluto. Prometí en la campaña electoral estar cuatro años disponible”, afirmó Merkel.

Sin embargo, uno de los riesgos de la nueva convocatoria electoral es que aumenten aún más las opciones de la ultraderecha alemana, representada por Alternativa para Alemania (AfD). En setiembre, los islamófobos irrumpieron en el Bundestag tras obtener un 12,6 por ciento de los votos y colocarse como la tercera fuerza política del Parlamento. Repetir los comicios podría empujarlos un poco más. Conscientes de ello, el partido ha confirmado su «alegría» por la falta de acuerdo y le ha dicho a Merkel que es “tiempo de irse”.

La canciller ganó sus cuartas elecciones generales con una importante fuga de votos y los resultados le dejaron poco margen de maniobra para gobernar con una mayoría parlamentaria estable.