5 de las 14 familias se instalaron en las afueras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) con un cartelito de cartón que decía: “Protesta: salir de Chile. Somos sirios”. ¿La razón? Una de las refugiadas acogidas por el gobierno en la comuna de Macul sufrió una agresión donde intentaron quitarle el velo y le dijeron “sirios no, sirios no”, lo cual calificaron como un crimen de odio y aseguraron sentirse inseguros.

Pero finalmente, y luego de cinco días instalados en las afueras de la sede del organismo internacional en el barrio alto, los refugiados depusieron su petición de trasladarse a otro país.

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Así lo reporta El Mercurio, donde se afirma que se inició una mesa de diálogo con las organizaciones que están a cargo de este programa de reasentamiento para tratar los temas que les preocupan.

“¿Nos complace que este grupo de refugiados haya depuesto su protesta, que a nuestro juicio fue injustificada e innecesaria. Siempre dijimos que el diálogo estaba abierto, pero no bajo presión”, aseveró Alfredo del Río, coordinador del reasentamiento.

Del mismo modo, Delfina Lawson, jefa nacional del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, comentó que “sabemos que cada una de las familias llegó a Chile con sus propias vivencias y expectativas, y el programa está abierto al diálogo y a seguir acompañándolas en este proceso de adaptación”.

El gobierno se comprometió a ofrecerles el contacto de un Carabinero que habla árabe para que los pueda ayudar ante cualquier problema o emergencia.

Cabe consignar que el programa establece que los refugiados pueden salir de Chile si es quieren, pero deben hacerlo por sus propios medios.