En una larga entrevista con El Mundo, Jordan B. Peterson, el psicólogo canadiense que es furor en ventas entre los hombres, esgrime sus razones para cuestionar al feminismo radical y cuestiona los argumentos detrás de la brecha salarial de género. 

“La izquierda posmoderna y sus guerreras feministas han logrado imponer la idea de que la jerarquía es una construcción social del malvado y corrupto patriarcado occidental. Sepultan la biología bajo su ideología. Niegan la naturaleza para culpar al varón. Es absurdo. Sus ideas no tienen base fáctica alguna”, argumentó.

A su juicio, los hombres se parecen a las langostas, que desde hace 350 millones de años vivían “en jerarquías”: “Su sistema nervioso hace que aspiren a un estatus elevado. Los machos tratan de controlar el territorio y las hembras de seducir a los machos más fuertes y exitosos. Es una estrategia inteligente, que utilizan las hembras de distintas especies, incluida la humana”, sentenció.

A juicio de Peterson, el famoso psicólogo “antifeminista”, los pensamientos progresistas de las mujeres y de esta época tienen su base en la Ilustración y no atienden los fundamentos de la biología evolutiva. 

“La izquierda en general considera que las jerarquías son malas. Es normal: las jerarquías producen ganadores y perdedores. Y ser un perdedor o convivir con perdedores -gente que lucha pero malvive- es existencialmente doloroso. Además está demostrado que el exceso de desigualdad genera sociedades inestables. La izquierda tiene derecho a preocuparse. A lo que no tiene derecho -porque es científicamente falso- es a culpar de la desigualdad al capitalismo, a Occidente o al presunto patriarcado”, sostiene el especialista.

Peterson insiste en culpar a la izquierda: “Está tan obsesionada con la identidad, la raza, el género, la victimización… Lleva más de 30 años de retraso intelectual”, afirma.

Además, el psicólogo sostiene que el feminismo ha provocado una crisis en la masculinidad, que hace que “muchos varones, sobre todo jóvenes, tienen la moral por los suelos. Están empantanados, perdidos. No tienen rumbo ni objetivos”.

El canadiense culpa a las feministas radicales de sentir un “pánico cerval a cualquier exhibición de habilidad masculina” por culpa de una “pésima experiencia personal” y cuestionó los argumentos concretos que evidencian la desigualdad de género.

“No existe lo que llaman la brecha salarial de género. Es decir, una brecha fruto de un prejuicio machista. Para que el argumento feminista funcione habría que asumir que el empresariado mundial es masoquista, tonto, suicida: ‘¡Ajá! Les pagamos menos y también las contratamos menos’. Es absurdo. La realidad es que la diferencia salarial tiene unas 20 causas, de las que apenas una sería atribuible al prejuicio”, cerró.